Los problemas que causa en tu coche la sal que se echa en las carreteras

Sal en la carretera

Inmersos en pleno invierno, las bajas temperaturas favorecen la aparición de placas de hielo. Y, para combatirlas, parece que no hay mejor opción, o al menos una más económica, que esparcir sal sobre la calzada. Hasta 500.000 toneladas de sal pueden llegar a cubrir nuestras carreteras, una cantidad más que significativa, y que resulta ser uno de los recursos más habituales para acabar con la nieve y el hielo en el asfalto.

La sal común no solo se queda sobre la superficie sino que se mezcla con todo elemento o sustancia que haya a su alrededor, por ejemplo, se diluye en el agua. Esta cualidad favorece su dispersión. Y, además de ser perjudicial para las plantas del entorno, también suponen un riesgo para los vehículos que por estas carreteras transitan.

Así afecta la sal

Sal en la carretera

El agua salada, al entrar en contacto con la carrocería del coche, puede convertirse en un agente corrosivo. Los elementos del coche más expuestos y visibles son la pintura y la misma carrocería, sin olvidarnos de los desperfectos que puede producir sobre las llantas, las pinzas de freno, los discos o los amortiguadores.

Otros elementos son menos visibles, y están igual de expuestos o más que los anteriores. Son los que se encuentran en la zona inferior del coche. Hablamos de piezas como el sistema de escape, los cables de la electrónica, latiguillos y tubos, bomba del depósito del limpiaparabrisas, radiador, cárter, lamparillas de los antinieblas, e, incluso, las zonas inferiores del chasis donde la sal puede adherirse y provocar la corrosión.

Una exposición prolongada a la corrosión de la sal podría provocar desperfectos a largo plazo como la oxidación. Y desperfectos en la pintura, carrocería y piezas metálicas de los componentes citados. Provoca su deterioro y un funcionamiento inadecuado, lo que obligará a visitar el taller para reparar o sustituir la pieza o parte dañada.

Cómo evitar la corrosión de la sal en el coche

Sal en la carretera

Lo más obvio es evitar pasar por zonas colmadas de sal, ya sea seca o, peor aún, mezclada con agua. Por ejemplo, durante los temporales de nieve o ante la previsión de fuertes nevadas, también se esparce sal con el fin de evitar que aparezcan placas de hielo. Los días posteriores a la caída de la nieve la calzada se convierte en un lodazal que, además de resultar un factor deslizante, como también sucede con las hojas que caen sobre la calzada, favorece la dispersión del agua salada tanto a los coches que circulan sobre ella como en el entorno.

Si resulta ineludible circular por calzadas o calles por donde se ha esparcido sal, lo más recomendable es lavar y secar con prontitud el coche. Presta especial atención a las zonas o piezas sensibles, referidas anteriormente.

Además, el uso de ceras, aplicadas con anterioridad a la adhesión de la sal, protege la pintura y la carrocería. Por eso, entre los cambios de estaciones del año, la aplicación de una capa protectora ayudará a mitigar los efectos de la meteorología.

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