Los mejores Ford RS de la historia

Los mejores Ford RS de la historia

En el mundo de las cuatro ruedas hay siglas que han sabido hacerse un hueco en la historia de la automoción, y el corazón de los aficionados. RS es una de ellas. Designa a las versiones más radicales de la familia Ford, los vehículos que han convertido a los urbanos, compactos y berlinas en auténticos deportivos con los que disfrutar al volante y que han permitido a sus ocupantes acercarse a las sensaciones de la competición.

Los mejores Ford RS de la historia (fotos)

La primera vez que esta nomenclatura se utilizó fue en 1968 de la mano de un Ford Escort, el antecesor del Focus. Desde entonces, una treinta de vehículos han convertido estas dos letras en una de las conjunciones con mayor número de seguidores a nivel mundial.

Ford Escort RS1600 de 1970

Ford Escort RS 1600 de 1970

Llegó apenas dos años después del Escort RS Twin Cam con que comenzó este legado. Este primero se disponía como la versión deportiva de un vehículo que en esos momentos solo contemplaba una orientación familiar. Esta nueva versión se convirtió desde el principio en un éxito absoluto, por lo que la firma pronto se puso a trabajar para crear un deportivo como tal.

El resultado fue el nuevo Escort RS1600 que ya contaba con un motor de 1,6 litros y 16 válvulas que entregaban 120 CV, y en cuyo desarrollo había intervenido el preparador de vehículos de competición cos. Este mismo motor se empleó en varias versiones de coches de carreras, especialmente para la disciplina de los rallys.

Ford Capri RS3100 de 1973

Ford Capri RS3100 de 1976

Ford contaba con una adaptación del Capri RS2600 en competición que estaba cosechando notables éxitos de resultados, de hecho en los años 1971 y 1972 se hizo con el título de pilotos en el Campeonato Europeo de Turismos. Para prolongar este éxito, se decidió a construir un nuevo coche de competición.

Y una vez éste estaba dispuesto para la competición, se decidió a crear una versión de calle, en un recorrido inverso al del Capri RS2600, siendo primero la unidad de competición  después la de calle. La nueva creación se denominó Capri RS3100 en honor a su motor V6 de 3,1 litros y 150 CV. Era muy exclusivo y solo se construyeron 250 ejemplares.

Ford Escort RS2000 de 1976

Ford Escort RS2000 de 1976

Nueva evolución del Escort anterior, aunque en esta ocasión montaba la mecánica de 2 litros del Ford Pinto, mucho más simple y económico que el anterior de 1,6 litros y que había sido afinado por Cosworth.

Su aspecto era ligeramente diferente a sus coetáneos de la segunda generación del Escort con un paragolpes delantero revisado y con diversos apéndices laterales que buscaban una menor resistencia al aire. También añadía al conjunto un pequeño alerón trasero.

Ford Escort RS Turbo de 1984

Ford Escort RS Turbo de 1984

El primer RS con motor sobrealimentado. Reemplazaba al Escort RS1600i e inicialmente fue diseñado como un modelo que podría ser fácilmente adaptado para el uso en competición. Su carta de presentación era un motor de 130 CV, que aunque hoy no parezca demasiado sí lo era en el momento en el que se lanzó. Además, resultaba fácil de modificar para extraer una mayor potencia cuando se quisiera participar en carreras.

Su rendimiento era demasiado radical por lo que aunque en las siguientes versiones mantuvieron la potencia elevaron su carrocería y la suspensión pasó a ser más blanda para que fuera menos ‘peligroso’.

Ford RS200 de 1984

Ford RS200 de 1984

Un vehículo que merece una consideración aparte. A principios de los 80 entró en vigor una categoría en el mundial de rallys, el grupo B, en la que podrían participar todo tipo de coche superlativos, con la única condición de que al menos se fabricaran 200 unidades destinadas a la circulación en la calle. Éste Ford RS200 era el equivalente de calle a aquel vehículo de competición que permitió a la firma del óvalo competir en esta era dorada de la competición aunque, como era de esperar, sus prestaciones no eran comparables con las del de rallys.

Un motor de 1,8 litros sobrealimentado de 247 CV (en la versión de competición llegaba a los 450 CV) entregaba su potencia a las cuatro ruedas, mientras que su carrocería estaba fabricada con fibra de carbono. Hoy día, su cotización en subastas supera ampliamente los 100.000 euros.

Ford Sierra RS Cosworth de 1985

Ford Sierra RS Cosworth de 1986

Aunque los amantes de los clásicos no lo crean, el Sierra no llegó con buen pie. Los fieles a Ford de la época no entendieron las formas afiladas de un modelo que sustituía al más tradicional y redondeado Cortina. Y si no querían sopa, pues dos tazas. La firma del óvalo redobló su apuesta y lanzó una versión deportiva con un estridente alerón doble que hacía que este modelo pareciera de otro planeta.

Empleaba el veterano propulsor de 2 litros que ya hemos visto antes aquí y que tenía su origen en el Pinto de 2 litros, aunque se le habían incorporado 16 válvulas en la admisión, así como inyección y turbocompresor. El resultado es que producía 201 CV, aunque esta cifra aumentaba en las versiones de competición, pues las hubo tanto para circuitos como para rallys, de hecho, éste fue el modelo que sustituyó al RS200 en esta disciplina cuando los Grupo B fueron prohibidos en el año 1986.

Hubo una versión más exclusiva de este modelo que recibió la denominación Ford Sierra RS500 Cosworth.

Ford Fiesta RS Turbo de 1990

Ford Fiesta RS Turbo de 1990

Hubo quien dijo que la segunda generación del Fiesta se ajustaba más a los gustos del público femenino. Para acabar con esa ocurrencia llegó la versión RS, la cual disponía de un motor gasolina de 1,6 litros que encerraba 133 CV. El periódico británico Sunday Times describió a este modelo como “más divertido que un Ferrari y solo cuesta el 10 % de aquel”.

En el lado opuesto se encontraban los altos costes del seguro, comparado con otros vehículos similares, y el gran atractivo que tenía para los amigos de lo ajeno siendo protagonista de muchos hurtos. El modelo se mantuvo en fabricación hasta 1992.

Ford Escort RS Cosworth de 1992

Ford Escort RS Cosworth de 1992

Es el miembro más destacado de la quinta generación del Escort, aunque su plataforma no era la del Escort sino la del Sierra, algo que le permitía contar con tracción a las 4 ruedas. Más fino y menos pesado de lo que cabría esperar, su mecánica liberaba 227 CV tras un buen pisotón en el acelerador, más que muchos coches de rallys. Esto, y su enorme alerón sobre la luna trasera le hizo ganar un gran número de adeptos (hoy está muy valorado en el mercado de segunda mano, de los denominados Youngtimer).

Fue el coche con el que Ford intentó conseguir el título del Mundial de Rallys entre los años 1993 y 1998, algunos de ellos con Carlos Sainz a los mandos, aunque no tuvo suerte. Eso sí, se hizo con diez victorias en pruebas del campeonatos en esos años.

Ford Focus RS500 de 2010

Ford Focus RS500 de 2010

La primera generación del Focus contó con versión RS, y en la segunda hubo que esperar hasta el restiling del modelo. Fue tal el éxito que tuvo que, para conmemorarlo, se creó una edición especial que se denominó RS500, solo se fabricaron 500 unidades, todas ellas en color negro, como sucediera 23 años antes con el Sierra Cosworth RS500.

Su mecánica, de origen Volvo (la sueca había sido filial suya), conjugaba 2,5 litros y tras las modificaciones recibidas era capaz de entregar 345 CV.

Ford Focus RS de 2016

Ford Focus RS de 2017

No nos atrevemos a decir que sea el mejor RS construido hasta ahora, aunque sí que podríamos decir que es el que mejor se sirve de la tecnología del momento para pasarlo realmente bien detrás del volante. Su motor de 2,3 litros transmite 350 CV a sus cuatro ruedas, y la sensación que uno tiene en su interior mientras lo conduce es la de estar en un coche de competición.

El asiento de tipo baquet no se puede regular en altura, algo que se olvida pronto cuando suena esa embriagadora rumorosidad de su motor, lo mismo que el autoblocante trasero cuando. Para terminar de convencerte de que puede ser realmente divertido se ha dispuesto un botón en el salpicadero denominado Launch Control (control de salida) que garantiza sensaciones similares a las que se pueden encontrar en competición.

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